11/10/2011

La eternización de un mal dirigente

La solución a los problemas del fútbol argentino debería empezar con el paso a un costado de Julio Grondona

Noticia

Julio Grondona va en camino de asegurarse un nuevo período como presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, (AFA), cargo que ocupa ininterrumpidamente desde 1979. Cuando el hecho se concrete formalmente estará siendo reelegido por novena vez y protagonizando una situación para el asombro aun en un país en el cual abundan los casos de políticos y sindicalistas soldados a sus cargos durante décadas.

Aunque lo suyo es el manejo del fútbol argentino y en gran medida del resto del mundo por ser número dos de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA), Grondona ha aceitado para perpetuarse en el cargo el mismo círculo vicioso que fomentan muchos políticos cuando pasan a ocupar un cargo público: el asistencialismo teñido de corrupción y un sistema de premios y castigos. Los primeros, para los fieles y sumisos; los otros, para quienes se atrevan a cuestionarlo públicamente.

No pocos clubes, para seguir funcionando y para no sufrir inhibiciones de todo tipo, recurren permanentemente a los favores del presidente de la AFA, porque viven endeudados por las aventuras, cuando no los delitos, en que se embarcan muchos dirigentes. Pero Grondona es quien fomenta esas prácticas con préstamos que van condicionando cada vez más a los representantes de los clubes.

En definitiva, no es más que el ABC de la política prebendaria que se observa en centenares de municipios, en la mayoría de las provincias y aun de parte del gobierno nacional: a mayor cantidad de necesitados, mayor caudal de poder para quien tiene qué repartir. Y por si una institución está saneada financieramente y no recurre a él, Grondona tiene otras vías de persuasión, como su control sobre el tribunal de disciplina.

Sólo alguien como Grondona podía salir indemne del escándalo, muy fresco aún, en que se vio envuelto por haber acatado llevar adelante la delirante idea del Gobierno de realizar un megatorneo para licuar los efectos indeseados del descenso de River, algo que naufragó.

Sólo alguien con su impunidad podía animarse a confesar, como hizo a mediados de este año, que 18 años atrás, en ocasión de un repechaje entre la Argentina y Australia por un lugar en el Mundial de los Estados Unidos, había decidido eliminar los controles antidoping para "evitar riesgos".

Se suma a esto el caprichoso sistema de elección de autoridades que tiene la AFA: designa al presidente una asamblea en la que participan 49 representantes de clubes que votan escribiendo en un papel que va a una urna el nombre de quien prefieren. El tema es que para postularse a la presidencia hay que ser avalado por siete de esos 49 asambleístas y aquí sí se pierde el anonimato y se queda expuesto a la ira grondonista.

Más allá de los éxitos que logre en el plano internacional, que dicho sea de paso han sido escasos en los últimos veinte años, el fútbol argentino es un muestrario de corrupción que se corporiza en la permisividad frente a dirigentes que cotidianamente realizan operaciones ruinosas para sus clubes, en los pactos con barrabravas o en el manejo discrecional de los arbitrajes y de cuantiosos dineros públicos.

Está claro a estas alturas que Julio Grondona sólo podrá ser parte de la solución dando un paso al costado. Y ya es tiempo de que lo haga.

 

Fuente: La nación

Descargar proupuesta de ley
Descarga del estatuto actual de la AFA
Últimas noticias
Una joda más grande que la Argentina misma Leer
El burlesco Torneo del Interior Leer
La lesión de Mauro Gil pone en evidencia el desmanejo... Leer
El muerto n° 159 de la Era Grondona: más violencia,... Leer
Barras bravas: otra vez locura sin respuestas Leer